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El Santo del perfume: Selección de la autobiografía de un yogui de Paramahansa Yogananda (vegetariano), Parte 2 de 2

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Continuemos con el capítulo 5: “Un ‘Santo de los Perfumes’ muestra sus prodigios”, del libro “Autobiografía de un yogui”, de Paramahansa Yogananda (vegano).

CAPÍTULO: 5 Un “Santo de los Perfumes” muestra sus prodigios

“Observé detenidamente al santo; su veloz mirada se cruzó con la mía. Era de contextura robusta y barbado, de tez morena y ojos grandes y resplandecientes. ‘Hijo, me alegra verte. Expresa lo que deseas. ¿Te gustaría un poco de perfume?’. ‘¿Con qué propósito?’, su ofrecimiento me pareció bastante infantil. ‘Para que experimentes el modo milagroso de deleitarte con los aromas’. ‘¿Invocando a DIOS para crear fragancias?’. ‘¿Qué tiene de malo? DIOS crea perfumes de todos modos’. ‘Cierto, pero Él crea delicados envases de pétalos para disfrutarlos y descartarlos. ¿Acaso puedes materializar flores?’. ‘Yo materializo perfumes, joven amigo’. ‘Entonces las fábricas de aromas irán a la quiebra’. ‘¡Les permitiré mantener su negocio! Mi único propósito es demostrar el poder de DIOS’. ‘Señor, ¿hace falta demostrar la existencia de DIOS? ¿Acaso no obra Él milagros en todo y en cada lugar?’. ‘Sí, pero nosotros también debemos manifestar algo de Su infinita diversidad creativa’. ‘¿Cuánto tiempo te tomó dominar tu arte?’. ‘Doce años’. ‘¡Para fabricar aromas por medios astrales! Me parece, mi honorable santo, que has desperdiciado doce años por fragancias que podrías conseguir con pocas rupias en cualquier floristería’. ‘Los perfumes se esfuman con las flores’. ‘Los perfumes se esfuman con la muerte. ¿Por qué anhelar aquello que solo satisface al cuerpo?’. ‘Señor Filósofo, complaces mi intelecto. Ahora, extiende tu mano derecha’. Hizo un ademán de bendición. Yo me hallaba a pocos pies de Gandha Baba; nadie más estaba tan cerca como para tocar mi cuerpo. Extendí mi mano, la cual el yogui no tocó. ‘¿Qué perfume deseas?’. ‘Rosas’. ‘Que así sea’. Para mi gran asombro, la encantadora fragancia a rosas brotó con intensidad desde el centro de mi palma. Sonriendo, tomé una enorme flor blanca e inodora de un florero cercano. ¿Puede esta flor sin aroma impregnarse de jazmín?’. Que así sea’. De inmediato, el aroma a jazmín emanó de los pétalos.

Agradecí al hacedor de maravillas y me acomodé junto a uno de sus alumnos. Él me informó que Gandha Baba, cuyo nombre real era Vishudhananda, había aprendido asombrosos secretos del yoga de un maestro en el Tíbet. El yogui tibetano, me aseguró, superaba la edad de mil años. ‘Su discípulo Gandha Baba no siempre realiza sus proezas aromáticas mediante el simple mandato verbal que acabas de presenciar’. El alumno hablaba con evidente orgullo por su maestro. ‘Su procedimiento varía bastante, según la diversidad de temperamentos. ¡Es fabuloso! Muchos integrantes de la intelectualidad de Calcuta se encuentran entre sus seguidores’.

Resolví internamente no sumarme a su lista. Un gurú literalmente demasiado ‘maravilloso’ no era de mi agrado. Agradeciendo cortésmente a Gandha Baba, me retiré. Caminando hacia casa, reflexioné sobre los tres distintos encuentros que el día me había deparado. Mi hermana Uma me recibió cuando crucé la puerta en Gurpar Road. ‘¡Te estás volviendo muy sofisticado, usando perfumes!’. Sin pronunciar palabra, le hice una seña para que oliera mi mano. ‘¡Qué atrayente aroma a rosas! ¡Es extraordinariamente intenso!’. Pensando que era intenso y extraordinario’, acerqué en silencio la flor perfumada astralmente a sus fosas nasales. ‘¡Oh, me fascina el jazmín!’. Ella tomó la flor. Una mezcla de desconcierto y asombro cruzó por su rostro mientras percibía una y otra vez la fragancia de jazmín en una clase de flor que sabía perfectamente que era inodora. Sus reacciones disiparon mi sospecha de que Gandha Baba hubiese provocado un estado de autosugestión en el cual solo yo pudiera percibir los aromas.

Tiempo después, supe por un amigo, Alakananda, que el ‘Santo de los Perfumes’ poseía una facultad que desearía que tuviesen los millones de hambrientos en Asia y, hoy en día, también en Europa. ‘Estaba presente junto a un centenar de invitados en la residencia de Gandha Baba en Burdwan’, me relató Alakananda. ‘Era una ocasión festiva. Como se decía que el yogui tenía la capacidad de hacer aparecer objetos de la nada, le pedí entre risas que materializara algunas mandarinas fuera de temporada. Al instante, los luchis que estaban servidos en todas las hojas de plátano, se inflaron. Se comprobó que cada pan abombado albergaba en su interior una mandarina pelada. Probé la mía con algo de cautela, pero estaba exquisita’. Años más tarde comprendí por revelación interna cómo realizaba Gandha Baba sus materializaciones. ¡El método, lamentablemente, está fuera del alcance de las multitudes hambrientas del mundo!

Los diversos estímulos sensoriales a los que el ser humano responde: táctiles, visuales, gustativos, auditivos u olfativos, son generados por fluctuaciones vibratorias en electrones y protones. Tales vibraciones son reguladas por los ‘vitatrones’, fuerzas vitales sutiles o energías subatómicas dotadas de inteligencia con las cinco esencias de ideas sensoriales distintivas. Gandha Baba, en sintonía con la fuerza cósmica mediante ciertas disciplinas yóguicas, podía guiar a los lifetrones para reordenar su estructura vibratoria y materializar el resultado deseado. Sus milagros de perfumes, frutas y demás fueron materializaciones reales de vibraciones físicas, y no impresiones internas producidas por hipnosis.

La realización de prodigios como los presentados por el “Santo de los Perfumes” resulta vistosa pero carece de valor espiritual. Al tener escaso propósito más allá del entretenimiento, constituyen desviaciones de una búsqueda honesta de DIOS. La hipnosis ha sido empleada por médicos en cirugías menores como un tipo de anestesia psíquica para personas que correrían riesgo con anestésicos comunes. No obstante, el estado hipnótico es nocivo para quienes se someten a él con frecuencia; genera un efecto psicológico adverso que con el tiempo deteriora las células cerebrales. La hipnosis es una intromisión en el territorio de la conciencia ajena. Sus manifestaciones pasajeras no guardan relación alguna con las obras realizadas por seres de realización Divina.

Despiertos en DIOS, los verdaderos santos producen transformaciones en este mundo ilusorio mediante una voluntad en perfecta armonía con el Creador Soñador Cósmico. El despliegue ostentoso de facultades extraordinarias es desaprobado por los maestros. El místico persa, Abu Said, se burló en una ocasión de ciertos faquires que se ufanaban de sus poderes milagrosos sobre el agua, el aire y el espacio. ¡Una rana también vive a gusto en el agua!’, expresó Abu Said con sutil desdén. El cuervo y el buitre vuelan con facilidad por el aire; ¡el demonio se encuentra presente en Oriente y en Occidente al mismo tiempo! ¡Un hombre auténtico es aquel que camina con rectitud entre sus semejantes, que compra y vende, pero jamás olvida ni por un solo instante a DIOS!’. En otra oportunidad, el insigne maestro persa expresó sus reflexiones sobre la vida espiritual de este modo: ‘¡Prescindir de lo que albergas en tu mente (deseos egoístas y ambiciones); entregar con generosidad lo que tienes en tus manos; y no amedrentarte jamás ante los embates de la adversidad!’. Ni el sabio imparcial del templo de Kalighat ni el adiestrado yogui tibetano satisficieron mi anhelo de encontrar un gurú. Mi corazón no requería instrucción para reconocer la verdad, y proclamaba sus propios ‘¡Bravos!’ con entusiasmo, ya que pocas veces eran invocados desde el silencio. Cuando finalmente encontré a mi maestro, él me demostró únicamente con la grandeza de su ejemplo la verdadera estatura de un hombre”.
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